Constituciones de la Compañía de Jesús y sus declaraciones /

Por petición de San Ignacio de Loyola y de sus compañeros iniciales, el 27 de septiembre de 1540 Paulo III aprobó la constitución de la Compañía de Jesús y la correspondiente Fórmula del Instituto, que perfila los rasgos esenciales de la identidad jesuita. Con la autorización del mismo pontífice, al...

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Detalles Bibliográficos
Autor principal: Ignacio de Loyola, Santo (autor)
Formato: Libro
Idioma:Español
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Descripción
Resumen:Por petición de San Ignacio de Loyola y de sus compañeros iniciales, el 27 de septiembre de 1540 Paulo III aprobó la constitución de la Compañía de Jesús y la correspondiente Fórmula del Instituto, que perfila los rasgos esenciales de la identidad jesuita. Con la autorización del mismo pontífice, al año siguiente San Ignacio comenzó a formular las Constituciones de la orden, tarea que luego -y a partir de 1547- sería apoyada por Juan Alfonso de Polanco. Hay que decir que bajo el nombre genérico de Constituciones de la Compañía de Jesús se cobijan el Examen y las Constituciones propiamente dichas, más sus respectivas Declaraciones, en las que se explicita y define (a manera de reglamentos, complementados luego con las reglas para cada obra y oficio) lo que en los dos textos centrales es intencionadamente breve y conciso. De manera global, las Constituciones profundizan en la razón de ser de la Compañía, asentada en la Fórmula, y amalgaman los principios de espiritualidad que dan sentido a la orden con los criterios de organización y acción que deben regir la vida de sus integrantes. El Examen, todo escrito por San Ignacio, habla sobre el proceso de reflexión profunda que deben vivir los aspirantes a la orden y detalla los exámenes a que deben ser sometidos. Las Constituciones en sí están estructuradas en diez partes, tres referidas en general a la Compañía (cómo mantenerla unida, cómo gobernarla y cómo conservarla) y siete a sus miembros (admisión, dimisión, aprovechamiento en espíritu y en doctrina, incorporación a la orden y vida en la orden tanto personal como apostólica). Respecto de la autoría de este texto, es obvio que el pensamiento y concepción de San Ignacio lo atraviesan en su totalidad, aunque gran parte de la redacción haya correspondido a Juan Alfonso de Polanco, quien incorporó además las observaciones y correcciones señaladas por San Ignacio a las sucesivas versiones del texto.
Descripción física:XV, [256] p. ; 33.5 cm.